lunes, 21 de octubre de 2013

No sabía ni lo que era un optometrista pero uno de ellos "desbloqueó" a mi hijo

Cuando me dijeron que la solución de  nuestro hijo podría pasar por un optometrista, lo primero que hice fue preguntar qué era un optometrista.   A pesar de que era la orientadora del colegio, no me lo supo explicar muy bien, pero, ante nuestra desesperación (y vuelvo a repetir) nuestra desesperación ante los problemas que planteaba nuestro hijo, optamos por concertar una cita, sin saber bien dónde íbamos ni a quién exactamente íbamos a ver.
Lo derivaron al Equipo de Orientación del colegio con 6 años, en 1º de EP porque sufría de "bloqueos", es decir, a veces se quedaba sin saber qué hacer, o qué decir ante situaciones fáciles para él, pero  ¿qué cosas le pasaban?
Desde los dos años, nosotros notábamos que cuando le pedíamos cosas nunca las hacía bien.  Órdenes tipo "coge de la cocina una cuchara", eran una odisea para él, normalmente acababa en el baño, o por el pasillo sin saber dónde ir; o si llegaba no sabía a qué había ido.
También  era incapaz de seguir las conversaciones de sus amigos,  participaba poco, o decía alguna tontería para cambiar de tema.  No entendía los juegos sencillos qué tenía que hacer cada uno, cuáles eran sus normas...
En el colegio, en Infantil, nos decían que era un niño  que estaba en su mundo, a veces atento, otras despistado, trabajaba muy bien, consiguió adquirir todos los conocimientos necesarios... ningún problema.   
Llegó a Primaria y todo cambió.
Todo lo aprendido en Infantil se complicó muchísimo.
 No era capaz de seguir las clases.  No atendía porque no entendía nada de lo que allí hablaban.   Todos las actividades las copiaba,  como seguramente hacía en Infantil.
Era incapaz de responder a preguntas tan sencillas como: ¿cómo se llama tu padre? o ¿tu hermano? ¿en qué trabaja tu madre?.   Él intentaba participar en las actividades pero como siempre fallaba empezó a sentirse muy mal en clase.  La frustración es la mejor palabra que definía su estado de ánimo.
En Infantil leía bien, en Primaria no, ya que era todo más difícil para él.  Se cansaba mucho.  Le dolían los
ojos, se sentaba mal tumbado en la mesa, tanto en el cole como en casa.    Por supuesto,  la lectura para él es un esfuerzo tremendo y llegó a convertirse en  un verdadero drama.
Tampoco se expresaba bien.  No sabía construir frases con sentido, ni con ningún orden.  Nada de contar un capítulo de dibujos animados, ni  lo que hicimos el fin de semana, le faltaba mucho vocabulario,  le costaba memorizar y retener lo que le ocurría.
Gracias a que sus profesoras se dieron cuenta de que algo no iba bien.  Para ellas no era normal que unas veces sabía sumar y, al minuto, no sabía ni lo que era una suma.  No supiese cosas sencillas como hacer un ejercicio  que ponía "Lee y escribe".
En casa, también nos dimos cuenta, porque hacer los deberes con él era el peor momento del día.  Verdaderamente, lo veíamos sufrir porque él mismo se daba cuenta de lo que ocurría, empezó a decir que era el más tonto de la clase, y eso que lo diga un niño de seis años, duele mucho, muchísimo.
Con todo, empezamos la terapia en 2º de EP, justo con 7 años.   Estuvo  seis meses todas las semanas en la consulta trabajando con Víctor.  Además del  trabajo que, todavía tenemos que hacer en casa de los movimientos rítmicos, ejercicios en el ordenador y más cosas. 
Pero ¿en qué ha cambiado?
  En su expresión siendo capaz de contar una historia ordenada y con coherencia.  En su comprensión, logrando no bloquearse ante situaciones cotidianas.  Ha mejorado en las relaciones con los demás, y sobre todo, en su actitud.  Él ve que es capaz de hacer las cosas y ve los resultados positivos con lo cual su motivación es mayor en cualquier situación propuesta.   La frustración que reinaba en su vida ha desaparecido.

Todavía no hemos acabado y le falta camino por recorrer.  Supone mucho trabajo por parte de él y por nuestra parte, pero hemos visto un avance tan importante en este año desde que comenzamos con la terapia que el esfuerzo ha valido la pena.  En realidad, sin saberlo, fuimos a un sitio sin saber qué nos íbamos a encontrar y, sin duda, encontramos la solución para que la vida de nuestro hijo fuera mejor.

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